Necesitamos aburrirnos más

Necesitamos aburrirnos más


¿Quién dijo que aburrirse no pueda tener un aspecto útil?

Tendemos a asociar el aburrimiento con la pérdida de tiempo, a la pasividad, a la falta de organización, en definitiva, no nos gusta aburrirnos. Vivimos en una sociedad frenética y exigente en la que sentimos que debemos de aprovechar cada segundo, para ello recurrimos a un sin fin de actividades estructuradas y dirigidas. Digamos que a nivel cultural se ha creado una especie de aversión a ese tiempo perdido y desperdiciado, por eso nos permitimos menos aburrirnos, por esa idea de que estamos tirando nuestro tiempo, no puedo perder mi tiempo ya que la vida es limitada, pero,




¿No creéis que vivimos en un mundo sobreestimulado?

Lamentablemente es así y este es el ritmo que estamos transmitiendo a los niños, con infinidad de actividades extraescolares, abuso de nuevas tecnologías, exceso de juguetes de todo tipo, etc. Que un niño que se encuentra en un ambiente con pocos estímulos no sea capaz de divertirse, es un claro síntoma de la sobreestimulación a la que diariamente está sometido. Un niño de entre 3 y 6 años no debería “aburrirse” ya que su creatividad es infinita.

Pese a esta concepción tan negativista que tenemos del aburrimiento ¿Os habéis planteado alguna vez qué puede aportarnos?

El aburrimiento es una emoción con una función tan adaptativa como puede ser el miedo, es una reacción defensiva ante circunstancias que pueden ser psicológicamente perjudiciales y que conviene remediar. << El aburrimiento es más una oportunidad que un déficit>>

Estoy segura de que la mayoría de las grandes obras de la humanidad han surgido inspiradas del aburrimiento.

En la vida adulta el aburrimiento implica tener tiempo, aburrirnos puede ser una oportunidad para conocernos mejor si sabemos darle un significado positivo, nos ayuda a buscar alternativas para salir de un estado incómodo, y por lo tanto promueve la creatividad. Además, representa un descanso para que la mente desconecte de lo cotidiano y dedique más tiempo a otras posibilidades. Pero, es cierto que de forma prolongada puede desembocar en problemas más complejos convirtiéndose en una amenaza, y es este miedo a aburrirnos de forma negativa y a lo largo del tiempo la que nos lleva a no querer que los niños se aburran.

Así recurrimos a lo antes citado, a niños hiperestimulados, llevándoles a una espiral en la que cada vez necesitan más y más estimulación para satisfacer la búsqueda de sensaciones nuevas. Nos encontramos ante la era de la hiperactividad y no es casualidad.

Si no les damos la oportunidad de aprender otros estados más pasivos como el sosiego y la relajación, estados que nos enseñan a esperar, a tener paciencia ¿Cómo pretendemos que los niños dejen de demandar y exigir constante atención y entretenimiento externo?

Tener ratos de aburrimiento en la infancia es tan importante y beneficioso como la adquisición de conocimientos, ambos desarrollan competencias que serán claves para su futuro. El aburrimiento contribuye al desarrollo del cerebro, estos momentos en los que no sé que hacer, ayudan al cerebro a buscar estrategias para hacer cosas y salir de una situación actual deficiente y por lo tanto se ponen en marcha las funciones ejecutivas (planificación, memoria de trabajo, toma de decisiones, etc...), y nos estimula a explorar nuestra creatividad.

Así que ya podéis dejar de sentiros culpables ante la típica frase de ¡me aburro! y daros la oportunidad de aburriros de vez en cuando, porque el aburrimiento puede conducir a la brillantez.

Para finalizar os invito a que veáis este vídeo tan interesante de TED que nos habla de cómo el uso excesivo de la tecnología está anulando continuamente la oportunidad de creatividad que nos puede aportar el aburrimiento.



Y como siempre, gracias por compartir un ratito de vuestro tiempo con nosotros.

Ana Atienzar - Guía Montessori de Comunidad Infantil




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