La importancia de la autonomía en la primera infancia

La importancia de la autonomía en la primera infancia


En la actualidad, continuamente escuchamos hablar sobre lo beneficioso que resulta que niños tengan capacidad de independencia dentro de los diferentes contextos en los que se mueven a diario.

Pero el ritmo de vida y, a veces, también los miedos hacen que hagamos por ellos y que les coartemos de su poder hacer en determinados momentos.






Muchas veces la clave está en los pequeños detalles, en atribuirles pequeñas tareas en las que ellos puedan conocer el sentido y el propósito y se sientan partícipes de estas acciones. La confianza por nuestra parte resulta esencial para que ellos creen la suya propia.

Seguir al niño, como argumenta María Montessori es primordial.

Conocer sus ritmos y observar. Saber de sus intereses, necesidades y escucharles son otras de las premisas esenciales para guiarnos. Normalmente, los pequeños están siempre dispuestos a ayudar y les parecen atractivas todas las actividades cotidianas en las que puedan intervenir.

En la mayoría de las ocasiones, aunque nuestra intención sea dejar hacer, nuestro ritmo de vida, extremadamente rápido, puede que nos “obligue” a sustituir al niño en sus tareas.

Un ejemplo claro, y que os resultará familiar, sucede por las mañanas. Cuando nos disponemos a ir a trabajar y los peques al cole. Todo suele ir muy rápido, no tenemos tanta flexibilidad de tiempo y se suceden las rabietas en los niños por diferentes motivos… (no querer ponerse los zapatos, no querer desayunar, quedarse jugando..etc). Algo que nos puede ayudar en este aspecto es la anticipación y normalización. Actos como preparar la ropa por la noche, organizar el menú de desayunos semanales o hacer una tabla de rutinas (todo esto en consenso y haciendo partícipes a los peques) pueden dar lugar a la disminución de estas frustraciones que pueden sufrir los niños ya que, de esta forma, van a saber que va a suceder después de cada acción y les mantendrá más tranquilos.

Por otro lado, el miedo, es otro de los puntos débiles en los adultos para poder fomentar la autonomía en los pequeños. El instinto humano nos hace proteger inconscientemente a los niños, como es normal. No obstante, es importante tener unos límites e instrucciones, una vez más en consenso con los niños, que tengan que ver sobre todo con el respeto hacía uno mismo, hacia los demás, hacía el ambiente y también que tengan que ver con la seguridad en general. Pero para que el niño se pueda desarrollar autónomamente, hay que dejar que se mueva en libertad, que explore, que haga y deshaga y también, ofrecerle el tiempo necesario.

Por tanto, nuestro papel no es dejarle solo, sino acompañar, estar ahí, pero intervenir lo mínimo posible.

Los resultados de estas pequeñas tareas en la primera infancia, harán que en el futuro el niño sea dueño de sus propios planes e ideas. Será un adulto mucho más seguro de sí mismo, con criterio y alta autoestima.

Estefanía Daganzo - Guía Montessori de Casa de Niños




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