Miedos y temores en los niños/as

Miedos y temores en los niños/as


Nuestros pequeños/as llegan a la sociedad con todos sus sentidos dispuestos y preparados para captar y procesar toda la información que reciben de su entorno. Principalmente se caracteriza por el amor, la ternura y la comprensión de sus padres. Aunque sus padres les den toda el amor y la atención que puedan, dos personas adultas no siempre son suficientes, para proveer toda la atención que este pequeño ser necesita.






En ocasiones suceden cosas que el niño/a no comprende, cosas que para personas adultas parecen inofensivas, y sin embargo pueden en un momento dado atemorizar a un pequeño. Lo que capta de la realidad como puede ser, conversaciones tensas, bromas agresivas, cambios repentinos, algo doloroso, un susto inesperado puede generar en el pequeño tensiones acompañado de temores.

También, los pequeños traumas físicos directos en los primeros meses de edad como pueden ser un parto largo o difícil, un nacimiento prematuro, un tratamiento contra la ictericia también pueden haber creado en los pequeños ciertas tensiones con irritabilidad en su carácter.

Los adultos que rodean a estos niños/as podemos ayudar, si nos acercamos y escuchamos sus temores, siempre sin sumergirnos en la culpa o en la compasión.

En ocasiones se nos hace difícil como padres o adultos presenciar el llanto, el temblor, o el sudor que un suceso puedo provocarle, sin embargo, tenemos que entender que es la reacción natural que el cuerpo tiene para expresar su miedo e incluso echarlo fuera.

Mientras que un niño se recupera de su susto puede parecer muy triste, como si el dolor fuese a durar para siempre y parece confuso e incluso escandaloso, pero este proceso es muy eficiente si la persona que tiene a su lado sabe acompañar el proceso con respeto y atención.

Si se le permite expresar y echar fuera sus temores, podremos ayudarles a recuperar la confianza. Los bebes que lloran fuertemente incluso con los ojos apretados mientras tiembla su mandíbula, se mueven vigorosamente pueden estar en este proceso de recuperación. Sin embargo, lo cierto es que para la mayoría de los padres, madres o adultos que acompañan a un pequeño/a, es perturbador ver este proceso y nos asusta y hacemos todo lo posible por detenerlo porque creemos que el miedo desaparece al evitar que el niño/a lo muestre. Aunque consigamos callar a este pequeño/a con distracciones de todo tipo, su miedo se queda, si no termina de expresar lo que le asusto y no llega a entender que ha sobrevivido acompañado de su ser querido o de un adulto respetuoso, con su proceso, volverá a buscar otra oportunidad para expresar su miedo no resuelto, hasta en ocasiones que no siempre parezcan relacionarse con el incidente temido.

Los intentos de los niños/as para resolver sus temores son muy confusos ¿Quién iba a creer que dejarles vencer el miedo entre nuestros brazos podría abrirles un camino directo a la autoconfianza?

Algunas ideas para acompañar estos procesos son:

• Abraza a tu hija/o con cariño y asegúrate que ella o él puede verte si lo desea. Si el pequeño está asustado necesita, ver a la persona adulta relajada y con un rostro tranquilo que le asegure confianza y protección.

• Mantente cerca aunque el pequeño/a trate de apartarte. Al irte acercando para ayudar puede que el/ella te empuje, descargando en ti sus sentimientos de miedo, por lo tanto no puede sanar su miedo a menos que la persona adulta, consciente y segura esté cerca para permitirle manifestar su miedo con sudor, llanto o temblor.

• Explícale si lo necesita porqué te mantienes cerca. Te quedas porque quieres estar con el cuando siente que le está sucediendo algo, quieres y no dejaras que este solo/a cuando algo le atemoriza.

• Si el pequeño/a forcejea contra ti, protégete de los golpes No esperes que actúe con amabilidad o cuidado si está luchando contra sensaciones de terror, es el adulto el que tiene que comprender y mantener la calma.

• Continúa en todo momento acercándote al pequeño/a. El necesita que te vayas acercando prudentemente para abrazarlo.

• Si en algún momento como adulto te asustas es mejor no seguir acompañando el proceso. Escuchar los temores de niños/as requiere que madres, padres y adultos enfrenten sus emociones, tanto del niño/a como suyas y no resulta sencillo.

Y para terminar vuelvo a recurrir al tema de la risa como ya os hablé en el artículo anterior. La risa ayuda a vencer temores, ya que alivia las tensiones ligeras y les encantan juegos en los que ellos/as son veloces, valerosos, decididos, y las personas adultas, lentas, tímidas, e inseguras. La risa y la libertad de retozar o revolcarse les permite probar su fuerza y echar fuera la tensión que han acumulado a lo largo del día en un mundo grande, ruidoso, con prisas y a medida de los adultos.

Rocío García - Guía Montessori de Casa de Niños




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