Yo quiero Pertenecer

Yo quiero pertenecer


Sin vosotros no soy nada, pero… ¿por qué tenemos la necesidad de rodearnos de otros?

La temporada acaba de empezar, y de la mano de esta fascinante y nerviosa vuelta, vienen los nuevos conocidos. A lo largo de nuestra vida y, de manera espontánea, estamos vinculados a los otros y, lo que es más, no podemos vivir sin estos vínculos y relaciones. Somos seres sociales por naturaleza y, desde que nacemos nos relacionamos con los que nos rodean. De bebés, nuestra vida social se resume a las relaciones que tenemos con nuestros familiares más cercanos. Pero después, se van incluyendo las personas que nos rodean en nuestra escuelita, nuestros guías y también nuestros amigos: comenzamos a vivir en comunidad. Y este nivel de relación se alarga hasta edades avanzadas.




Los seres humanos tenemos una tendencia generalizada a buscar la compañía de los otros. Tenemos gran atracción por el grupo, es decir, por la pertenencia, y es precisamente este factor el que nos hace sentirnos seguros. Buscamos que los demás nos den su aprobación, nos provoquen emociones y nos acompañen bien cerquita. Y esto solo se consigue gracias a los grupos heterogéneos. Es cuando nos rodeamos con otros que son distintos a nosotros cuando nos sentimos complementados y cuando racionalizamos el mundo en el que vivimos. La heterogeneidad consigue que compartamos conocimientos, nos enriquezcamos culturalmente y se favorezca nuestro desarrollo. El hecho de ser diferentes nos causa curiosidad por lo que nos conecta y nos hace iguales, por conocer aquello que a nosotros se nos escapa y por lo que nos motiva para seguir relacionándonos con aquellos que tenemos cerca.



La pertenencia, satisface nuestros instintos primitivos, además de ayudarnos a desarrollar nuestra estructura psíquica y nuestra personalidad. Necesitamos a los demás para poder comunicarnos y expresarnos. Por ello, debemos tratar de fomentarla y, en nuestro ambiente de taller, lo hacemos desde la convivencia y el trabajo en grupo. Os voy a resumir rápidamente lo que hacemos en nuestro ambiente Montessori. Desde el primer instante que pasamos juntos, nos preocupamos por como se sienten los demás y por lo que quieren o necesitan ese día.

Después, pasamos un ratito juntos, disfrutando de la lectura o de la música, antes de ponernos a trabajar. En muchas ocasiones, este trabajo también se realiza de manera grupal, por lo que los niños, por sí solos, adquieren normas de convivencia que les permitan disfrutar de la meta que comparten.

Tras el momento de concentración y trabajo, compartimos un rato juntos al aire libre, donde son los niños los que deciden qué hacer y cómo hacerlo, teniendo siempre en cuenta la opinión de todos los miembros del grupo. Volvemos al trabajo y, antes de que se acabe la jornada e irnos a comer, todos juntos recogemos y limpiamos. Como he dicho, somos un grupo, o más bien, una gran familia, por lo que todos tenemos que cuidar y mantener el espacio que compartimos. Finalmente, también pensamos en la comunidad a la hora de comer, cuando ponemos la mesa y nos servimos o cuando recogemos.


Para terminar este artículo, os animo a todos a fomentar el espíritu de grupo. A perseguir el respeto y la tolerancia y a valorar las diferencias entre todos nosotros. Os invito a mirar a los demás con los ojos de la curiosidad y del amor, y a transmitir estos valores a la gente que os rodea. Finalmente, me encantaría que me dejaseis en vuestros comentarios vuestras propias experiencias.

Cómo habéis vivido vosotros el comienzo de la nueva temporada, la importancia que para vosotros tiene el hecho de pertenecer a un grupo o incluso cómo se sienten vuestros hijos ante este aspecto. Seguiremos tratando temas diversos en relación a la crianza y a la educación, ¡suscribiros!

Mónica Compés - Guía Montessori de Taller




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